INDIGNACIÓN Y ESPERANZA

Publicat per en nov. 30, 2018 dins Altres, José A. Pagola | 0 comments

Adviento – Ciclo C

La hora de la verdad

La Iglesia no posee hoy el vigor espiritual que necesita para cumplir adecuadamente sumisión enfrentándose a los retos del momento actual. Sin duda son muchos los factores y las causas que pueden explicar esta mediocridad espiritual, pero tal vez la raíz principal esté en la ausencia de contacto vital con Jesucristo que se puede observar en los diversos sectores de la Iglesia.

Jesús no es conocido, no es amado, no es sentido ni seguido como lo fue por sus primeros seguidores. Muchos simplemente lo confiesan y adoran como Dios desde una percepción doctrinal de su misterio. De hecho, ese Jesús no seduce ni atrae. No tiene fuerza para convertirnos en sus seguidores.

Probablemente, esta ausencia de un contacto más vital con Jesucristo es el mayor obstáculo para impulsar la renovación a la que el papa Francisco nos está llamando: «Invito a cada cristiano, en cualquier situación en que se encuentre, a renovar su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por él, de intentarlo cada día sin descanso» (Evangeliigaudium 3).

A nuestro cristianismo le está llegando la hora de la verdad. O dejamos de ser simplemente adeptos de una religión y nos convertimos en seguidores de Jesucristo o nuestro cristianismo corre el riesgo de desaparecer. Para ser cristianos se requerirá en el futuro una experiencia cada vez más viva de Cristo y una identificación cada vez más convencida con suproyecto.

José Antonio Pagola Nueva etapa evangelizadora. 3. Cristo resucitado es nuestra esperanza

Domingo 1 Adviento – C (Lucas 21,25-28.34-36)

Evangelio del 02 / Dic / 2018Publicado por Coordinador – Mario González Jurado

pagola

Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará «signos» de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los «acontecimientos cósmicos» que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios».

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El «último día» no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: «Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación». Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. «Tened cuidado: que no se os embote la mente». No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. «Estad siempre despiertos». No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.

José Antonio Pagola

 

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