¿QUÉ BUSCAMOS?

Publicat per en gen. 12, 2018 dins Altres, José A. Pagola | 0 comments

Tiempo ordinario – Ciclo B

Anunciar a Dios desde un horizonte nuevo

Dios sigue trabajando también hoy con amor infinito el corazón y la conciencia de los hombres y mujeres que en estos momentos se van alejando de él. No está bloqueado por ninguna crisis. Sigue buscando caminos que solo él conoce para encontrarse con cada uno de sus hijos, estén donde estén. El Espíritu de Cristo resucitado está vivo y operante en todo ser humano. Nadie vive solo y abandonado, privado de la bendición de Jesucristo.

No hemos de preguntarnos solo qué anuncio del Evangelio hemos de transmitir nosotros desde la Iglesia a esta sociedad moderna, sino qué anuncio del Evangelio hemos de escuchar nosotros, los que nos decimos seguidores de Jesús. No somos solo «depositarios» de un Evangelio que es para los demás; somos, antes que nada, «receptores» de un Evangelio que hemos de acoger en actitud de conversión.

No sabemos cómo será la Iglesia dentro de unas décadas: ¿cuántos templos se habrán cerrado?, ¿quiénes seguirán practicando de manera regular?, ¿dónde estarán los jóvenes?, ¿quién se interesará por lo religioso? Lo ignoramos todo, pero la fe en Jesucristo solo podrá renacer si en medio de la crisis actual van emergiendo entre nosotros auténticos testigos de Jesucristo.

José Antonio Pagola
Nueva etapa evangelizadora. 2. Anunciar a Dios como buena noticia

Domingo 2 Tiempoordinario – B (Juan 1,35-42)

Evangelio del 14 / Ene / 2018

Publicado por Coordinador – Mario González Jurado

 pagola

 

Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan nos dejan desconcertados, porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. A dos discípulos del Bautista que comienzan a seguirlo Jesús les dice: «¿Qué buscáis?».

No es fácil responder a esta pregunta sencilla, directa, fundamental, desde el interior de una cultura «cerrada» como la nuestra, que parece preocuparse solo de los medios, olvidando siempre el fin último de todo. ¿Qué es lo que buscamos exactamente?

Para algunos, la vida es «un gran supermercado» (D. Sölle), y lo único que les interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia. Otros lo que buscan es escapar de la enfermedad, la soledad, la tristeza, los conflictos o el miedo. Pero escapar, ¿hacia dónde?, ¿hacia quién?

Otrosya no pueden más. Lo que quieren es que se les deje solos. Olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse por nadie y que nadie se preocupe de ellos.

La mayoría buscamos sencillamente cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando por ver cumplidos nuestros pequeños deseos. Pero, aunque todos ellos se cumplieran, ¿quedaría nuestro corazón satisfecho? ¿Se habría apaciguado nuestra sed de consuelo, liberación y felicidad plena?

En el fondo, ¿no andamos los seres humanos buscando algo más que una simple mejora de nuestra situación? ¿No anhelamos algo que, ciertamente, no podemos esperar de ningún proyecto político o social?

Se dice que los hombres y mujeres de hoy han olvidado a Dios. Pero la verdad es que, cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón «la nostalgia de infinito».

¿Quién soy yo? ¿Un ser minúsculo, surgido por azar en una parcela ínfima de espacio y de tiempo, arrojado a la vida para desaparecer enseguida en la nada, de donde se me ha sacado sin razón alguna y solo para sufrir? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más?

Lo más honrado que puede hacer el ser humano es «buscar». No cerrar ninguna puerta. No desechar ninguna llamada. Buscar a Dios, tal vez con el último resto de sus fuerzas y de su fe. Tal vez desde la mediocridad, la angustia o el desaliento.

Dios no juega al escondite ni se esconde de quien lo busca con sinceridad. Dios está ya en el interior mismo de esa búsqueda. Más aún. Dios se deja encontrar incluso por quienes apenas le buscamos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: “Aquí estoy, aquí estoy”» (Isaías 65,1-2).

José Antonio Pagola

 

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