UNA IGLESIA DESPIERTA

Publicat per en des. 2, 2017 dins Altres, José A. Pagola | 0 comments

Adviento – Ciclo B

Hacia una renovacióndesde el corazón del Evangelio

Dios ha dejado de ser el fundamento del orden social y el principio integrador de la cultura. De una afirmación social masiva, pública e institucional de Dios se ha idopasando a una situación de indiferencia cada vezmásgeneralizada. La cuestión de Diosapenasatrae o inquieta: sencillamentedejaindiferente a un número cada vezmayor de personas. La fe en Diosparecediluirse en la conciencia del hombremoderno. Se diría que estádesapareciendo del horizonte de cuestiones y respuestasposibles al sentido de la existencia. Dios no interesa. Cada vez son menos los que piensan en él como principio orientador de sucomportamiento. […]

En estos momentos en que se estánproduciendocambiossocioculturalessinprecedentes, en la Iglesia necesitamos una renovacióntambiénsinprecedentes para enfrentarnos al futuro. Si los cristianos no aprendemos a vivir y anunciar nuestra fe en la cultura secular de nuestrostiempos, el cristianismo se convertirápronto en una religión del pasado. La fe cristiana de otrostiempos se irádiluyendo en formasreligiosas cada vezmásdecadentes y sectarias, y cada vezmásalejadas del movimientoinspirado y querido por Jesús. […]

El papa Francisco no piensa en una etapa triste que nos vemosforzados a recorrer para poder sobrevivir. Nos dice que hemos de impulsar esta renovación «con generosidad y valentía, sinprohibiciones ni miedos» (EG 33); sinolvidar que hemos de comunicar hoy el mensaje cristiano «desde el corazón del Evangelio», concentrando el anuncio «en lo esencial, que es lo másbello, lo másgrande, lo másatractivo y al mismotiempo lo másnecesario» (EG 35).

José Antonio Pagola
Nueva etapa evangelizadora. 2. Anunciar a Dios como buena noticia

Domingo 1 Adviento – B (Marcos 13,33-37)

Evangelio del 03 / Dic / 2017

Publicado por Coordinador – Mario González Jurado

 pagola

Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no lo tengan entre ellos.

Por eso, una vez más, les descubre su inquietud: «Mirad, vivid despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi inadvertida entre los cristianos.

«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus criados su tarea». Al despedirse solo les insistió en una cosa: «Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Que, cuando venga, no os encuentre dormidos.

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será «la casa de Jesús» que sustituirá a «la casa de Israel». En ella, todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús, el Cristo. No lo han de olvidar jamás.

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos somos necesarios. Todos tenemos alguna misión confiada por él. Todos estamos llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús. Él vivió siempre dedicado a servir al reino de Dios.

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Le seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso les insiste hasta tres veces: «Vivid despiertos». No es una recomendación a los cuatro discípulos que le están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: «Lo que os digo a vosotros os lo digo a todos: velad».

El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús, solo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre «los que mandan» y «los que obedecen». Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad en su proyecto del reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

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