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UN GESTO POCO RELIGIOSO

Tiempo ordinario – Ciclo C

Reavivar la oración

Hay un hecho muy frecuente entre nosotros. La fe de no pocos está como estancada. Viven una vida cristiana descuidada que no cambia desde hace muchos años. Su oración es rutinaria. Ya no alienta ni transforma su vida.

Hay personas que «aguantan» toda su vida esa mediocridad: rezan sin hablar con Dios, comulgan sin comulgar con Cristo, oyen la lectura del evangelio sin escuchar la Buena Noticia de Jesús, rezan el padre nuestro sin sentir a Dios como Padre y a los demás como hermanos.

Llega un momento en que no pocos terminan pensando que eso es ser cristiano, en eso consiste la religión. No te hace crecer, ni vivir, ni gozar. No te ayuda a amar, crear o comprometerte, pero «no hace daño».

Estas personas siguen rezando padrenuestros y ave marías. Su oración está hecha de fórmulas repetidas de forma distraída. ¿No tienen estas personas derecho a encontrarse con Dios de manera más viva, cálida y gozosa? ¿Qué se puede hacer para purificar y reavivar esta oración que muchas veces es la oración de casi todos?

2 Tiempoordinario – C (Jn 2,1-11)

Evangelio del 20 / Ene / 2018

Publicado por Coordinador – Mario González Jurado

 

 

Había una boda en Galilea. Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética «salvando» una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su «primer signo», el que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de sumisión salvadora.

El evangelista Juan no habla de «milagros». A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre «signos». No quiere que sus lectores se queden en lo que puedehaber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuenta de que «no les queda vino» y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes viven decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

José Antonio Pagola

 

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