Una sociedad necesitada de esperanza

Publicat per en març 8, 2019 dins Altres, José A. Pagola | 0 comments

Cuaresma – Ciclo C

La historia de estos últimos años se ha encargado de desmitificar el mito del progreso, piedra angular en la construcción de la civilización moderna. La sociedad moderna parece haberse quedado sin horizonte ni orientación, sin metas ni puntos de referencia consistentes.

Los acontecimientos se atropellan unos a otros, pero no conducen a nada nuevo. El progreso se convierte en rutina. La cultura del consumismo produce novedad de productos, pero solo para mantener el sistema en el más absoluto inmovilismo.

La consecuencia inevitable es el cansancio. El hombre moderno es fundamentalmente «espectador». Un ser pasivo que participa en un engranaje que no está promovido por él y cuyo horizonte no llega a alcanzar.

Cuando no se espera nada del futuro, lo mejor es vivir al día y disfrutar al máximo del momento presente. Es la hora de buscar las «salidas de escape» que la cultura del hedonismo y el pragmatismo nos pueden ofrecer ahora mismo. La vida es placer y, si no, no es nada.

Son pocos los que se comprometen a fondo para que las cosas sean diferentes. Asistimos más bien a una creciente indiferencia hacia las cuestiones colectivas. Cada uno se preocupa de sí mismo. Se extiende un poco por todas partes una cultura narcisista: el cuidado del propio cuerpo, la búsqueda de paz interior, el equilibrio psíquico, las terapias grupales… Mientras tanto crece la «apatía democrática», el desprestigio de las instituciones políticas y el empobrecimiento de la vida pública.

En estos comienzos del siglo xxi, la crisis de la esperanza se ha agravado, pues la sociedad se ve sacudida por nuevos retos e incertidumbres. Ya no vivimos en una sociedad sólida, de contenidos precisos y valores absolutos, sino más bien en constante movilidad, incertidumbre y relativismo.

Es en esta sociedad donde hemos de vivir y contagiar a Cristo como «esperanza nuestra»: encontrando en la resurrección de Jesús su fundamento, aprendiendo a creer en «el Dios de la esperanza» y descubriendo en ese Dios el «futuro último» de la historia humana.

José Antonio Pagola Nueva etapa evangelizadora. 3. Cristo resucitado es nuestra esperanza

1 Cuaresma – C (Lc 4,1-13)

Evangelio del 10 / Mar / 2019 por Coordinador – Mario González Jurado

pagola

NO DESVIARNOS DE JESÚS

Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y para vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio aislado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones «el demonio se marchó hasta otra ocasión». Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos si no quieren desviarse de él.

En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: «no solo de pan vive el hombre». Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo todo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo. Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar. Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Se dedicará a hacer signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta y difunde su Amor.

José Antonio Pagola

 

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